Letras nuestras de cada día


De la fachada de ciertos edificios a las noticias de los diarios en papel o digitales, la tipografía informa la vida cotidiana. Arte y utilidad se conjugan en su geografía, del siglo XV a hoy.


Simon Garfield

El 25 de septiembre de 2007, una mujer llamada Vicki Walker cometió un crimen de tipeo tan calamitoso que no sólo le costó el empleo, sino que estuvo a punto de costarle la cordura. Walker trabajaba como contadora en una empresa de salud de Nueva Zelanda y tuvo que mandar un e-mail. Por desgracia, ignoró la única regla que todo el que haya mandado e-mails conoce: LAS LETRAS MAYUSCULAS DAN LA IMPRESION DE QUE SE ODIA A ALGUIEN Y SE LE ESTA GRITANDO.

Era un martes por la tarde. Walker apretó “Enviar” luego de escribir la siguiente instrucción: PARA ASEGURARSE DE QUE SE PROCESEN Y PAGUEN LAS SOLICITUDES DE REINTEGRO DE SU PERSONAL, SIRVASE SEGUIR LOS PASOS QUE SE INDICAN EN LA SIGUIENTE LISTA.

No se tratará del mensaje más exquisito del planeta, pero difícilmente pueda considerárselo causal de despido. Las letras estaban en azul, y el resto del e-mail estaba en negrita en colores rojo y negro. La mujer trabajaba para ProCare en Auckland, una compañía que sin duda se enorgullecía de saber cuándo apretar la tecla de mayúsculas y cuándo no hacerlo, si bien no tenía una guía de etiqueta de e-mail en el momento en que Vicki Walker se permitió la caja alta.

¿Caja alta y caja baja? El término procede de la posición de las letras de metal o madera que tenía ante sí el tipógrafo tradicional antes de que se las usara para formar una palabra: las usadas habitualmente se encontraban en un nivel bajo accesible, mientras que las mayúsculas esperaban su turno más arriba. A pesar de esa distinción, el tipógrafo tenía que ser en extremo cuidadoso, ya que las letras eran muy parecidas cuando se las retiraba de un bloque y se las devolvía a los compartimentos de una bandeja.

El uso correcto de los tipos de letra varía con el tiempo. En la actualidad los edictos empresariales son algo habitual, y los memos descienden de las alturas como tablas de piedra: “tanto en las comunicaciones internas como en las externas, deberéis usar sólo…” ¿Pero quién puede decir que la Arial minúscula de 1982 es preferible a la forma en que nos comunicábamos en MAYUSCULAS TRAJANAS en las fachadas de los edificios públicos en la antigua Roma? ¿Cómo fue que nuestros ojos pasaron a aceptar una en lugar de la otra hasta el punto de que la elección irreflexiva de las mayúsculas se convirtió en causa de dolores de cabeza y despidos? Walker fue despedida tres meses después de que se considerara que su e-mail había generado “incomodidad en el lugar de trabajo”, lo cual habría sido risible si a ella no le hubiera provocado tantos problemas. Veinte meses después, luego de refinanciar la hipoteca de su casa y de pedirle dinero prestado a la hermana para entablar una demanda judicial, Walker apeló con éxito por despido sin justa causa y recibió 17.000 dólares.

La etiqueta de los tipos informa nuestra vida cotidiana. Supongamos que estamos diseñando una sobrecubierta para una nueva edición de Orgullo y prejuicio , de Jane Austen. El libro ya no tiene copyright , por lo que no nos ha costado nada. La bella ilustración de un jardín secreto es obra de un amigo, y ahora todo lo que tenemos que hacer es encontrar un tipo de letra adecuado al título y a la autora, y luego otro para el texto de la novela. Para la sobrecubierta, lo convencional sería elegir algo como Didot, que apareció por primera vez en la época en que Austen escribía y que parece muy elegante con su amplio espectro de líneas finas y más fuertes, sobre todo en cursiva. Se trata de una letra adecuada y que venderá libros a las personas que se inclinen por las ediciones clásicas. Si se quisiera llegar a un mercado diferente, sin embargo, del tipo que podría leer a Kate Atkinson o a Sebastian Faulks, podría optarse por algo menos rancio, tal vez Ambroise Light, que, como la Didot, tiene un elegante pedigrí francés.

Para el texto de libro, podría considerarse una actualización digital de Bembo. ¿Tal vez Bembo Book? Esa tipografía, que en la década de 1490 se cortaba en metal, es un clásico romano además de ser muy legible. Por otra parte, encaja en el principio de que las tipografías deben pasar casi desapercibidas en la vida cotidiana: deben informar pero no alarmar. La tipografía de la sobrecubierta de un libro no debe hacer más que atraernos. Una vez que ha creado la atmósfera deseada, lo mejor es que pase a un segundo plano, como el anfitrión en una fiesta.

Hay excepciones, por supuesto, y una de las mejores es el best-séller de John Gray, Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus , en el que el diseñador Andrew Newman eligió Arquitectura para las líneas masculinas y Centaur para las femeninas. Arquitectura tiene un aspecto viril porque es alta, sólida, algo espacial, centrada e implacable. A pesar de su nombre, Centaur parece escrita a mano, tiene trazos finos y gruesos y resulta encantadora (por supuesto, se trata de estereotipos sexuales groseros, pero L os hombres son de Marte, las mujeres son de Venus es psicología popular).

Esa es otra regla, entonces: la tipografía puede tener género. La idea convencional es que la tipografía fuerte y pesada es masculina (pueden probar con Colossalis) y que la que es más liviana y caprichosa es femenina (tal vez ITC Brioso Pro Italic Display de la Adobe Wedding Collection). Se puede subvertir la forma, pero nunca las asociaciones automáticas de la tipografía. Lo mismo pasa con el color: se ve un bebé vestido de rosa y se asume que es una nena. La tipografía nos condiciona desde el nacimiento, y nos ha llevado más de quinientos años empezar a sacudirnos ese yugo.

Las definiciones no deben eclipsar la forma en que apreciamos la tipografía, pero algunas clasificaciones pueden resultar útiles para la comprensión de la historia y el uso. Así como es perfectamente posible pasar una tarde agradable en una galería sin tener conocimientos de teoría del arte o del lugar que ocupa un artista en el firmamento, se puede caminar por la calle y admirar los tipos de letras en carteles y negocios sin conocer su historia. Pero, nuestra admiración puede aumentar si sabemos quién los hizo y a qué apuntaban, y para eso es necesario definir algunos términos del lenguaje tipográfico.

Bodoni y Baskerville son fuentes serif, mientras que la Helvetica es sans serif. La diferencia reside en los pies de las letras: una tipografía serif tiene una terminación que suele dar la impresión de que la letra se apoya en la página. Podría ser la base de una E, M, N o P, pero también podría ser la parte superior izquierda de una r o el techo de una k. Hace que las letras tengan un aspecto tradicional, sólido, honesto y tallado, y su linaje puede remontarse hasta el emperador romano Trajano, cuya columna en Roma, que se completó en 113, lleva una inscripción en su honor y constituye la pieza más importante de talla en piedra anónima en dos mil años.

Las fuentes sans serif podrán parecer menos formales y más contemporáneas, pero pueden ser tan reminiscentes de la tradición como una banda de metales. Muchas tienen una forma muy clásica y romana –de hecho, las letras sans serif existían en el mundo antiguo–, y cuando aparecieron en los edificios de la Italia fascista entre ambas guerras encajaron a la perfección, como si llevaran siglos ahí. Son perdurables y tal vez monumentales, y si bien Futura, Helvetica y Gill sans son las más conocidas, hay infinidad en nuestra vida cotidiana. Es probable que el tipo de letra sans serif más antiguo sea el Caslon Egyptian de 1816, y en el siglo XIX se popularizaron sobre todo como fuentes para uso en pósteres.

En el siglo siguiente, sin embargo, el tipo sans serif adoptó un carácter muy diferente cuando una nueva generación de diseñadores fusionó las tradiciones romanas y de presentación con un estilo moderno. Nada se veía tan bien colocado a un lado de una máquina nueva o, como en el caso de la tipografía de Edward Johnston, en el Subterráneo de Londres. Los orígenes de esa nueva sans serif se encuentran en Alemania, en una fuente conocida como Akzidenz Grotesk, que se dio a conocer en 1898. Pero cobró nueva vida con Johnston, en Gran Bretaña, así como con la Gill Sans de Eric Gill y otros en Alemania, Holanda y la Suiza de posguerra, donde la Univers y la Helvetica actuaron como punta de lanza del modernismo en todo el mundo. Es por eso que ahora lo mejor es pensarla como europea.

Al haber tantos tipos de letras, han sido muchos los intentos de clasificarlas en grupos definibles. El tipo, sin embargo, es un elemento vivo, y ofrece resistencia a una categorización absoluta: una buena letra en una tipografía vívida tiene en sí misma suficiente energía para liberarse de cualquier encasillamiento.

En el marco de cada tipografía, una letra tiene su propia geografía. Eso exige un lenguaje exacto que es encantador e implacable, una jerga que comenzó con el fundidor de tipos del siglo XV y que ha resistido todos los intentos de corrupción digital. Los counters o contrapunzones son los espacios cerrados o semicerrados de una letra, dentro de una o, b o n, por ejemplo; mientras que el bowl es la forma curvada de la g, la b, etcétera; y los stems o astas son los principales elementos constructivos, que pueden ser gruesos o finos según el diseño.

Una serif curviforme tiene un elemento curvo como un tronco de árbol, mientras que una uniforme es una línea recta y una wedge serif cae con un ángulo geométrico. La altura-x de una letra es la distancia entre la línea base (la línea en un cuaderno) y la línea media (la parte superior de una letra de caja baja). Un asta ascendente se eleva por encima de la línea media, mientras que un asta descendente llega debajo de la línea base.

Parte del vocabulario tipográfico tiene su propia belleza interna (o por lo menos la tenía cuando los tipos eran de metal). Buena parte de ese vocabulario es antropomórfico y da a las letras la condición de formas de vida. El carácter completo es el cuerpo; el espacio vacío por debajo de la letra elevada es la barba; el lado plano del tipo de metal es el hombro, mientras que la letra elevada completa es el frente. Tradicionalmente, una ligadura ha significado un leve vínculo entre dos letras que están unidas (como fl o ae, que exigen menos espacio blanco entre ellas que si las letras se utilizaran solas). En la actualidad, lo más común es que una ligadura (una característica tanto de las tipografías serif y sans serif) haga referencia a las dos letras, usadas como si fueran una sola.

Sin embargo, las matemáticas, la geografía y el vocabulario de la tipografía nunca deben eclipsar el más fundamental de los datos: normal o cursiva, clara o negrita, caja alta o baja. Las fuentes que mejor funcionan son las que nos permiten leer sin que se nos arruine la vista.

La Cooper Black fue un buen hallazgo. Es raro que una compañía nueva elija una letra clásica no modernizada y predigital y que no la remodele ni cambie de forma alguna, pero se trató de una excepción. Al igual que tantas fuentes que no evolucionaron, se la diseñó en la década de 1920 y cobró popularidad de inmediato. Oswald Bruce Cooper, un ex publicitario de Chicago, recibió el encargo de la fundición Barnhart Brothers & Spindler de hacer algo que la firma pudiera vender a los avisadores (y algo que pareciera sospechosamente similar a la Pabst Extra Bold, que había diseñado varios años antes Frederic W Goudy para la firma cervecera estadounidense).

Su éxito pronto despejó los temores de Cooper de que sólo conseguiría “un efecto cansador consecuencia de la repetición demasiado frecuente de la misma curva y la misma peculiaridad.” En realidad, logró algo espectacular, una letra serif que parecía sans serif. La Cooper Black es el tipo de fuente que formarían los aceites en una lámpara de lava si se cayera al suelo. Su creador consideró que sería ideal “para impresores de amplias miras con clientes cortos de vista”. Hay pequeñas muescas en la parte superior y la base de las letras que dan a la fuente un aspecto firme y pesado sobre la página y sin las cuales la tipografía parecería disolverse. Tratándose de una fuente de aspecto tan fuerte, tiene un notable aire inocente.

La Cooper Black se ve mejor de lejos, como reconoció easyJet. Antes de entonces, su aparición más famosa seguramente fue la del disco clásico de los Beach Boys titulado Pet Sounds . Al igual que muchas portadas de discos de la época, el disco tenía impreso el título de cada tema en el frente, sobre la foto de la banda alimentando cabras en el zoológico. La Cooper Black para el nombre de la banda y el título del disco es emblemática, entre otras cosas porque las letras se tocan y reflejan el logo “Love” de Robert Indiana, que estaba muy de moda en ese momento. Hay una sola diferencia entre lo que es visible y lo que es legible: en tamaños chicos, la Cooper Black es visible, pero no muy legible. Sin embargo, hay tipografías destinadas a verse más que a leerse (un diseñador tipográfico comparó una vez ese atributo con un vestido destinado a lucir genial en la pasarela pero no a brindar protección contra los elementos).

La fuente como alta costura es una analogía común. Adrian Frutiger, el diseñador de una de las fuentes modernas más populares, Univers, tenía otra: “El trabajo de un diseñador tipográfico es igual que el de una modista”, afirmó: “Vestir la forma humana constante.” Como dijo el diseñador de libros Alan Fletcher: “Una tipografía es un alfabeto con chaleco de fuerza.” Las fuentes, como la vida, se rigen por reglas. No es necesariamente malo tener que sostenerse derechas y no codiciar el lugar del vecino. ¿Pero en qué medida las reglas coartan la individualidad y la creatividad? Los diseñadores más instintivos (los verdaderos artistas) saben qué funciona y qué deben descartar. Pero el novato se ve ante el obstáculo del peso de la historia y la mano gris del manual de instrucciones. Muchas de las reglas de los tipos son reglas de la tipografía, relacionadas con su aspecto y con su uso en una página. Si bien son útiles solas, pueden ser destructivas en combinación.

¿Pero qué es lo que tenemos ahora? ¿Las letras que vemos a nuestro alrededor nos salvan el día? Un estudio de manifiestos y manuales sugiere que las manos son responsables sólo hasta cierto punto, y que para lo demás dependemos de la inspiración. ¿Cuáles son las reglas fundamentales e inviolables de la buena tipografía? Hacer cosas interesantes, crear cosas bellas y reflejar la humanidad y el alma de las letras. Hacer cosas de buen gusto, inteligentes y adecuadas. Y que puedan leerse.

De lo contrario, podemos cambiar de nombre y empezar a llamarnos Neville Brody. Si fuéramos Neville Brody, podríamos incorporarnos a una revista londinense llamada Face en 1981 y transformar su diseño predecible hasta tal punto que nuestro impacto no sólo se sentiría en el aspecto de las revistas sino también en los libros, la música y en muchos planos del diseño de productos comerciales durante décadas. Si fuéramos Brody, podríamos crear una firma de diseño llamada Research Studios con oficinas en cinco países y reformular el aspecto comercial del diseño de modas y los perfumes exclusivos, además de desempeñarnos como jefes de comunicación, arte y diseño del Royal College of Art. Una breve muestra visual de sus últimos éxitos: los títulos de la película Enemigo público , de Michael Mann, diseños recientes para Wallpaper y la revista de tipografía Fuse, una pared de cámaras de vigilancia para su Freedom Space de la muestra Super Contemporary del Museo de Diseño de Londres. Hace una pausa al llegar a una imagen del Times del siglo XIX y la compara con su propio rediseño del diario en 2006. Dice que su objetivo fue darle más claridad y energía, y una de sus herramientas fue una nueva tipografía: Times Classic 8,5pt para el texto principal y la Gotham de la campaña de Obama para los títulos sans serif más comprimidos.

El diario seguía una tendencia: diarios que se parecen más a sus sitios web. El año anterior, The Guardian también había cambiado su tipografía de una mezcla de Helvetica, Miller y Garamond a su propia Guardian Egyptian, una fuente versátil y amable que consta de noventa y seis variantes que diseñaron Paul Bames y Christian Schwartz para acompañar el pasaje del diario a un formato más chico. La clave, dijo Brody, fue “cambiar un diario por completo, pero asegurarse de que nadie lo notara. Nos concentramos ante todo en la articulación, de modo que la gente de diseño pudiera usar la página como teatro. La primera vez que se lo mostramos a grupos seleccionados, no advirtieron que había cambiado, pero cuando les dijimos que había cambiado, lo odiaron.” “En todas partes hay espacios y signos similares”, afirma Brody. “Como diseñadores, somos cómplices de eso. Tenemos que buscar nuevas formas de avanzar. Todo pasa por palabras que ya no usamos, como revolución y progreso.” El iconoclasta sigue encontrando su mejor refugio en la tipografía. Sus diseños de fuentes de 2010 se llamaron Buffalo y Popaganda: trazos arquitectónicos enormes y bellos que se superponen en las revistas elegantes, siempre desafiantes y fascinantes, sin limitarse jamás a estar presentes y contar una historia.

Fragmento de “Just My Type: A book about fonts”, de Simon Garfield (Profile Books) ©The Observer.

Traduccion de Joaquin Ibarburu

Ñ

El periodismo lento


Paloma Torres


El periodismo cultural es periodismo lento. Se ajusta a los tiempos de la cultura, siempre pausados, alejados de la dictadura de la noticia de actualidad. El buen ejercicio del periodismo cultural solo se logra con el paso de los años, al hacerse viejo: requiere un camino andado a las espaldas, un bagaje amplio de lecturas, la capacidad de relacionar. Los suplementos culturales pretenden ser un observatorio desde el que se retrata la cultura de cada momento. ¿Cómo se construyen? ¿Cómo seleccionan? En algún momento de ese largo proceso, hay siempre un momento inevitable de sinceridad, el crítico solo enfrentándose a la obra. ¿Es la crítica algo más que el diálogo de esa obra con la subjetividad del crítico? ¿Es el crítico una figura oscura?

El suplemento cultural es también un producto periodístico, que ha de conciliar las leyes del mercado con las de la cultura. ¿Es esto posible? ¿Cómo se puede conciliar la independencia de la crítica con las presiones del mercado o con una línea editorial concreta? Sergio González Rodríguez (El Ángel, del diario mexicano Reforma), Laura Revuelta (ABC Cultural), Fietta Jarque (Babelia) y Blanca Berasategui (El Cutural) responden desde dentro a las mismas preguntas sobre este modelo periodístico. Y a modo de colofón, de sugerente epílogo, o de contrapunto, resuena la voz crítica de María Luisa Blanco.


SERGIO GONZÁLEZ RODRÍGUEZ:

“Hay que dejar atrás la necrofilia disfrazada de crítica”

¿Qué le atrae del periodismo cultural? ¿Cómo tomó contacto con él?

SGR: El periodismo cultural refleja la creatividad más expresiva de las personas. Es un ámbito de gran dinamismo, actualidad e interconexión. Es diverso y, a pesar del impulso inmediatista que produce, resuena o reinventa la tradición una y otra vez: literatura, cine, arte, música, teatro, fotografía, arquitectura, propuestas multimedia, cómic, etcétera. Yo era músico de rock en un grupo, al mismo tiempo estudiaba en la universidad. En algún momento decidí aprovechar lo que aprendí en las aulas, y entré como corrector y después editor de libros en una empresa del ramo que tenia un pie en Barcelona y otro en México (Premià), ya desaparecida. Dejé la música. Luego me incorporé como miembro del Consejo Editorial del suplemento La Cultura en México, que coordinaba Carlos Monsiváis. Pagaban muy poco, un viejo cuento en estas tareas, y el dinero lo juntábamos un par de amigos que trabajábamos allí para tomar una ronda de cerveza cada viernes en alguna cantina. A partir de entonces he sido operador, director y consultor en diversos suplementos culturales de México. En la actualidad soy Consejero de El Ángel del diario Reforma. Recuerdo que Monsiváis decía: “un suplemento cultural puede ser muchas cosas, excepto una: un medio para ejercer el auto-servicio de quienes lo hacen, hay que ofrecer un servicio a los demás”. El periodismo cultural, que suelen hacer escritores o creadores diversos, debe ser para otros.

¿Qué es lo más difícil a la hora de elaborar un suplemento cultural?

SGR: Calidad, oferta varia, cosas nuevas, excepcionalidad. Un buen suplemento tiene que vivir al día, y dejar atrás la idea de resonar sólo glorias pasadas por encima de la creatividad actual. Debe haber equidad entre presente y pasado. El antiguo suplemento que situaba el libro y la lectura como eje cultural ha dejado de tener vigencia ante las grandes transformaciones de los últimos tiempos, en especial, lo que se describe como sociedades de la información (internet, nuevas tecnología y plataformas). En México existen al menos tres suplementos importantes (La Jornada Semanal, Laberinto y El Ángel). Si antes hubo más y ahora menos tiene que ver no sólo con los cambios en la cultura y los apremios económicos, sino con la demanda real de lectores y anunciantes. Éstos se han reducido en México como en otras partes del mundo. Sin embargo, los suplementos que permanecen son necesarios y valiosos ahora y hacia el futuro. Esto es lo más importante: la vigencia y la vitalidad de sus tareas por encima de la nostalgia que suspira por tiempos idos.

¿Cuál es o cuál debería ser la función de un suplemento de este tipo: dar cuenta de lo que sucede, reflejar más o menos asépticamente el panorama cultural, o tiene más bien una función activa de orientación, interpretación y de selección?

SGR: Un suplemento colabora a reforzar las coberturas informativas de las páginas diarias. Su función es menos noticiosa que valorativa y pre-noticiosa, auxilia a formar criterios y a indicar agendas temáticas de interés amplio. La tarea de distinción se impone: debe resaltar aquello que lo merece y acoger los puntos de vista críticos y de expertos de diversas disciplinas. Para lograrlo es imprescindible un empeño sistemático de sondeo o búsqueda y de planeación. Y debe integrar en direcciones coincidentes tanto lo visual y el diseño como lo textual. Se impone así la tarea en equipo que reemplaza la tradicional dirección verticalista o en torno de una figura o personalidad cultural y su grupo o intereses exclusivos. La realidad muestra que este arraigo a lo antiguo mata suplementos y revistas culturales, o los arroja al impacto mínimo en una cultura cuya dinámica trasciende las glorias de aldea o las que quieren heredar prestigios de antecesores equis o zeta. La oscilación entre lo global y lo local es digna de ser atendida en todo suplemento cultural.

A veces resulta oscura la labor del crítico, que no crea sino que solo mira durante un rato y se atreve a lanzar un veredicto y a mover los hilos de la cultura desde el cómodo sofá de espectador. Escribió el pintor Ramón Gaya, por ejemplo, que en las páginas de la crítica la obra de arte es ya un cadáver, que en ese momento de análisis ha perdido ya su frescura, su vitalidad y su poder. ¿Qué hace noble la función del crítico?

SGR: La función del crítico la ennoblece el desinterés, la generosidad, el empeño de exactitud ante el registro de la obra ajena, el don del desprendimiento. La idea de la primacía del juicio personal en nombre de la libre subjetividad implica riesgos cuando se tiende a favorecer a los amigos, o a quienes son semejantes. Una crítica vale más que el elogio desmedido o interesado, ése que actúa bajo el principio de identificación: lo que me gusta a mí es lo que está bien. El crítico también debe ponderar aquello que no le gusta, y saber darle espacio. Aceptar y saber leer las diferencias. Por lo tanto, la crítica es mucho más que la práctica de un gusto íntimo donde los de casa presiden la mesa de los prestigios. Por ejemplo, ideas nefastas como fulano y zutano son lo máximo (porque son la proyección de mis preferencias). Uf. También resultan ya irrisorios los agentes de pompas fúnebres a cargo de mausoleos decimonónicos y demás famas subsecuentes. El canon cultural en realidad está para ser releído de cara al presente y al futuro. Hay que dejar atrás la necrofilia disfrazada de crítica.

¿Quién es su lector?

SGR: Mi lector es siempre alguien parecido pero distinto a mí.

¿Hasta qué punto se puede hablar de independencia de la crítica en los casos en los que coinciden los intereses económicos de empresas periodísticas y editoriales, o cuando, inevitablemente, se cruzan en el camino amistades y enemistades o se publica en el marco de un medio con una línea editorial concreta?

SGR: La crítica debe ejercerse incluso contra los amigos, intereses o líneas editoriales concretas. La conveniencia obnubila el pensamiento. Un crítico con ideas fijas (políticas o estéticas) es la negación de sí mismo y carece de credibilidad. Es dogma encarnado por mucho que presuma conocimientos, o pueda alardear con citas, alusiones y nombres de otros mediante los que busca ampararse de sus propias limitaciones. La crítica es mucho más que la emisión de juicios y pre-juicios: implica un desafío a sí misma y a quien la ejerce cada vez.

En su opinión, ¿qué define a un buen suplemento? ¿Y a un buen texto? ¿Y a un buen crítico?

SGR: Un suplemento cultural es un medio periodístico especializado, que a la vez se inserta en publicaciones de información general. En consecuencia, debe tener un equilibrio entre lo novedoso a que obliga la prensa y el carácter particular de su materia formativa e informativa. La calidad debe imperar en sus páginas tanto como lo selectivo. La crítica en un suplemento es anterior a la presencia de un buen crítico. Un suplemento ha de implicar una oferta crítica en sí, y una invitación, un diálogo abierto a la actualidad con el respaldo de la memoria.

Actualmente no se habla demasiado de maestros, de personas a las que se admira o de las que se ha aprendido algo importante, pero, ¿a quién –del panorama nacional o internacional- tiene por maestro en el arte del periodismo cultural?

SGR: En los últimos años la línea magisterial en cuanto a los suplementos culturales en lengua española se encuentra en algunas publicaciones ejemplares y su continuidad a lo largo del tiempo, donde se expresan directrices editoriales claras y amplitud de registros. Me refiero a la profesión de los expertos, algo que nada tiene que ver con la tendencia ultra-contemporánea de imponer el amateurismo en los medios y en los contenidos. Pienso en la calidad de Babelia, de ABC Cultural, de El Cultural en España, o de Radar de Argentina. En México han sido maestros en la factura de suplementos culturales Fernando Benítez y su discípulo Carlos Monsiváis, ya extintos. Tuve la fortuna de trabajar con ambos en distintos periodos. Los suplementos culturales existentes en México se deben a ellos, a su vocación cosmopolita que dio espacio entre nosotros a las expresiones culturales de Europa, América Latina y Estados Unidos. Enseñaron que un suplemento debe ser un observatorio hacia lo mejor de la cultura en el mundo.


LAURA REVUELTA:

“Los gafapasta son una especie en extinción”

¿Qué es lo más difícil a la hora de elaborar un suplemento cultural?

LR: Sin duda, lo más difícil es hacer un suplemento compensado en cuanto a temas, propuestas. Que tenga ritmo interno para que no decaiga el interés. Lógicamente, eso lleva implícito el acierto en la selección de los asuntos (libros, exposiciones, películas...) a reseñar. El saber elegir bien qué se da, por qué se da y cómo se da. Es fundamental, sobre todo en estos momentos en los que los suplementos culturales de los periódicos no cuentan con el mismo espacio, paginación (papel) que teníamos hace unos años. Hay que afinar mucho en la puntería.

¿Cuál es o cuál debería ser su función?

LR: Como se deduce de la anterior respuesta, su función es activa, activísima, en cuanto a la orientación, interpretación y selección. Hay, o debe haber, una clara opción de apuesta en lo que se hace. Es más: esto es lo apasionante de nuestro trabajo. Elegir o apostar por cosas nuevas, lo cual te exige estar muy al día de todo cuanto genera el panorama cultural de nuestro tiempo, que es mucho, para analizarlo, desmenuzarlo y valorarlo. Yo siempre digo que un suplemento cultural debe ser un espejo de la realidad creativa de cada momento, de cada tiempo, y, sobre ella, ejerce su labor crítica. Debe mirar a los ojos del presente cultural para trazar caminos o vías hacia el futuro.

¿Qué hace noble la función del crítico?

LR: Sin duda lo que le hace noble es tener el valor de decir lo que piensa, con argumentación, por supuesto, y sin sectarismos. Ser valiente. Ejercer la crítica sin más ni menos abalorios, que no es poca cosa en estos tiempos de poderes mediáticos, de intereses cruzados y de egos subidos de tono.

¿Quién es su lector? ¿Siempre lleva gafas de pasta? (Gafapasta en Frikipedia: “Dícese de toda aquella persona alternativa que pasea por la calle con tres periódicos bajo el brazo, con su suplemento cultural o una revista de crítica literaria en su defecto, ve cine francés siempre en versión original y es fan incondicional de Jean-Luc Godard”).

LR: Los gafapasta son una especie en extinción o, a lo mejor, estoy confundiendo mis deseos con la realidad. Creo que las nuevas generaciones rehúyen de la pedantería de las apariencias, del gafapasta o similares. Del estereotipo del intelectual de antaño al que tanto le gustaba y gusta aún epatar. Nosotros aspiramos a dirigirnos a los gafapasta (porque existir, existen) y a otros públicos más amplios que tienen auténtico interés por la cultura. Tenemos la muy modesta ambición de acercar la cultura, de tender la mano, de que no se la mire con miedo y distancia, precisamente, por la presencia de esos gafapasta que ahuyentan más que animan a hacer de la cultura un placer y no un rasgo de distinción, de casta

¿Hasta qué punto se puede hablar de independencia de la crítica?

LR: Desde el ABC Cultural tenemos la inmensa suerte de no pertenecer a ningún grupo con intereses editoriales. Luego, somos absolutamente libres en nuestras opiniones y críticas. Incluso, con respecto a los propios colaboradores del periódico que son escritores, no siempre hemos sacado reseñas favorables. El crítico es libre de pensar y decir. Sin duda. En cuanto a las rencillas personales, contamos con la profesionalidad de los críticos del suplemento que represento que, en su mayoría, saben dónde se encuentra la raya de la amistad y también de la enemistad.

En su opinión, ¿qué define a un buen suplemento? ¿Y a un buen texto? ¿Y a un buen crítico?

LR: Un buen suplemento es aquel que sabe reflejar, desde su visión crítica, un panorama certero de la realidad cultural que le toca vivir. Ser un cómplice crítico de su tiempo. Un buen texto es aquel que sabe contar, y ¿qué es saber contar? Saber escribir, ni más ni menos. Esto que parece tan sencillo de decir, no es tan fácil de realizar. Una crítica, con todos sus razonamientos, tiene que contar, narrar, transmitir gracias al dominio de la escritura. No aburrir con un aire doctoral o excesivamente académico. Y un buen crítico es aquel que sabe lo que dice y cómo decirlo para seducir al lector.

¿A quién tiene por maestro en el arte del periodismo cultural?

LR: La pregunta más difícil de todas... Yo creo que en el ABC Cultural tenemos la inmensa suerte de contar con algunos de los mejores críticos y, por tanto, para mí maestros. Por ejemplo, en libros puedo citar a Andrés Ibáñez, a Rodrigo Fresán, Anna Caballé. José María Pozuelo... En arte, Fernando Castro Flórez o el ya fallecido Quico Rivas, que colaboró con nosotros durante sus últimos años. En música, Steffano Russomano... En fin, y se me olvidará alguno.


FIETTA JARQUE:

“Quien diga que son malos tiempos para la cultura está ciego”

¿Qué le atrae del periodismo cultural? ¿Cómo tomó contacto con él?

FJ: Lo primero que me atrae es lo que cae dentro del amplio saco de “lo cultural”. De hecho, empecé en el periodismo por casualidad, precisamente porque yo ya era una consumidora de información cultural, apasionada de la literatura, el arte, el cine y la música. Tenía yo unos 22 años y una amiga me ofreció una suplencia de varios meses en una importante revista de información general. Yo no sabía ni escribir a máquina, pero el director se arriesgó a aceptarme. Y fue así como descubrí que lo que más me interesaba era comunicar y difundir todo lo relacionado con la cultura. Creo que para ser periodista cultural es más importante estar familiarizada con los contenidos y luego aplicar a ello las reglas del periodismo. De otra manera, sin una base cultural amplia, sólo transmitirás lo más superficial de una información que puede -y quizá debe- llegar más allá de los datos. Una buena información cultural siempre aporta ideas.

¿Qué es lo más difícil a la hora de elaborar un suplemento cultural?

FJ: Lo más difícil es elegir lo mejor entre lo mucho bueno que hay en cada campo de la cultura. La excelencia es una meta que debe tenerse siempre presente. Buscar los mejores críticos y autores para lo más destacado entre las novedades de libros, exposiciones, música, etc. Cada vez hay menos páginas y esa exigencia es básica. También hay que procurar tener enfoques originales y sacar temas que no sean los más obvios en cada momento.

¿Cuál es o cuál debería ser la función de un suplemento cultural?

FJ: En mi opinión, y más ahora con la inmediatez de la información en internet, lo esencial en un suplemento cultural es ser capaces de elaborar informaciones que proporcionen al lector las claves para comprender más profundamente las obras que se comentan. Y para eso debe haber conocimiento y pasión en quienes lo escriban.

¿Qué hace noble la función del crítico?

FJ: Los artistas tienen una relación de amor-odio con la crítica. Desde luego, si se les trata bien en una de ellas serán los primeros en reconocer su valor. Es una convención nacida en el siglo XIX, por la que escritores y artistas se someten a ese enjuiciamiento y creo que sigue teniendo utilidad. Siempre y cuando la crítica se ejerza con total independencia, honestidad e inteligencia. Quizá sea demasiado pedir...

¿Quién es su lector? ¿Siempre lleva gafas de pasta?

FJ: Bueno, hay mucho gafapasta, ¿y qué? Pero también hay mucho modernillo, amas de casa, oficinistas y, por supuesto, buena parte de los escritores, artistas, editores, y personajes que mueven el mundo de las artes. Cada vez hay más gente que dedica su tiempo de ocio a leer, ir a museos, al teatro o a conciertos. Quien diga que son malos tiempos para la cultura está ciego o simplemente querría que su negocio (cultural) facturara aún más.

¿Hasta qué punto puede hablarse de independencia de la crítica?

FJ: He tenido la suerte de conocer a algunos críticos independientes. Personas admirables que eran capaces de decir las verdades, a veces duras, sobre las obras de sus propios amigos. La ética siempre iba por delante de la amistad, las conveniencias empresariales y hasta su propia seguridad (recibían frecuentes amenazas). Rara avis. En general, la crítica se ejerce de manera tibia y prudente.

En su opinión, ¿qué define a un buen suplemento? ¿Y a un buen texto? ¿Y a un buen crítico?

FJ: Hay una cualidad que tiene la buena poesía y es la de iluminar por un instante la sensibilidad y la mente del lector. Es lo que idealmente debería tener cada texto, cada crítica y, si fuera posible, todo lo que ofrece un suplemento cultural. Al menos quedarte con unos cuantos de estos chispazos que te hagan correr a comprar un libro, ver una exposición o buscar de alguna manera esas experiencias.

¿A quién tiene por maestro en el arte del periodismo cultural?

FJ: En España la crítica de teatro tiene un maestro y un ejemplo en Marcos Ordóñez. Aunque no te interese el teatro, leer uno de sus textos resulta apasionante, interesante y divertido. Como él hay unos cuantos, pero él es una referencia clara. En América Latina han surgido en los últimos años revistas con un enfoque original y una calidad de textos excepcional como Etiqueta Negra o El Malpensante. El periodismo que hacen es fresco y sumamente bien escrito. Entre esta nueva práctica del periodismo cultural, señalaría a la argentina Leila Guerriero.


BLANCA BERASATEGUI:

“No me interesa dirigirme solo a especialistas y mantenerme en una torre de marfil”

¿Qué le atrae del periodismo cultural? ¿Cómo tomó contacto con él?

BB: Entré en contacto con el mundo de los suplementos hace muchos años, cuando cambió la cabecera de ABC. Me he dedicado a ello siempre, salvo el primer año, cuando me colocaron en Cultura. Era la sección a la que acudíamos las pocas mujeres periodistas, no porque valorasen poco la cultura, sino a las mujeres. Desde el 74 estoy en los arrabales de la cultura, a partir de un momento con puestos de responsabilidad. Al principio es por casualidad, por el azar, y luego porque te gusta y porque has avanzado en ese camino. Me atrae que el material con el que se trabaja (escritores, galeristas) es un material muy noble, con el que aprendes muchísimo. Es una suerte inmensa pasar un rato con un escritor en vez de con un político. Lo que nos rodea vale la pena conocerlo. Traficamos con gente poco vulgar. He aprendido con los años a valorar al creador por sí mismo. Al principio te llevas decepciones y también sorpresas con las personas, pero luego ya no pides más de lo que pueda dar: una estupenda novela, un cuadro. Separas a la persona del artista.

¿Qué es lo más difícil a la hora de elaborar un suplemento cultural?

BB: Lo más difícil quizá es… me interesa que el suplemento interese cada vez a más público. No me interesa solamente dirigirme a especialistas, y mantenerme en una torre de marfil. Quiero cada semana arañar lectores que exceden del público habitual y tienen la posibilidad de ir a otros públicos. Pretendo un menú variado para que alguna de las cosas atraiga la atención de una persona ajena a quien le guste el teatro, la música, o el cine. Intento hacer el suplemento para todos los lectores del periódico. Tengo un concepto de la cultura un poco utilitaria: quiero que la cultura nos sea útil para gozar, para ser felices… Pongo siempre un ejemplo: es como si te instalas en una habitación, ¿la quieres con ventanas? Claro: quiero mirar, quiero ver. Cuantas más ventanas tengas para asomarte, para ver más el paisaje del arte, de los libros y disfrutar de ello, mejor. La cultura nos tiene que satisfacer y hacer que disfrutemos de las cosas. Hay que lograr un ten con ten que no ofenda al erudito: combinar la alta calidad con una gran difusión. Sería un fracaso el que, tirando El Cultural a 300.000 ejemplares solo lo leyeran 250.00 personas.

¿Cuál es o cuál debería ser la función de un suplemento cultural?

BB: Se publican setenta y tantos mil libros al año. Quitando libros especializados o libros de texto, podríamos hablar de unos treinta y tantos mil. Un cultural como el nuestro habla de mil libros al año. Perseguimos separar el grano de la paja, y acertar en esa elección. Primero que salga, luego que salga con una crítica atinada. Tenemos que hacer bien las cosas… no ahuyentar al especialista, tampoco al novato. Somos un observatorio. Nos llega todo, pero tenemos una labor didáctica, selectiva, orientativa y hay que marcar prioridades. El vale todo no es una política aceptable. Tenemos la obligación de priorizar: esto es mejor que esto.

¿Qué hace noble la función del crítico?

BB: Criticar al crítico se ha convertido en un género literario. Los defiendo porque los conozco. Hay, como en todo, buenos, malos y regulares, igual que carpinteros o médicos. Me enorgullezco de los críticos de El Cultural. Leen los libros, no critican superficialmente… toda esa oscuridad es una leyenda urbana que no responde a la verdad. Normalmente son catedráticos de universidad, que no viven de la crítica literaria y que no conocen al escritor. Saben el terreno que pisan: son especialistas. Decidimos nosotros qué libro hace cada crítico. Le doy un consejo al crítico que empieza: generosidad con el novel y exigencia con el consagrado.

¿Hasta qué punto se puede hablar de independencia de la crítica?

BB: Reto a que se lean el suplemento en busca de estas presiones. No tenemos una línea editorial que excluya a ningún creador. Nos refrenda nuestra independencia. Lo que sí es verdad es que tenemos que bailar al son del mercado, y eso es muy difícil. Luchamos contra ello con toda nuestra fuerza. Tenemos que atender al mercado, pero poniendo las cosas claras. Yo sinceramente no me siento presionada: o la presión no es tanta, o como no me dejo presionar no me entero. Tenemos, eso sí, que tomar distancia de la propaganda y de la publicidad de las empresas culturales. Una mala crítica no puede competir con la opinión general después de la artillería publicitaria, pero nuestro deber es decir las cosas. Tenemos prestigio porque saben que somos bastante libres.

En su opinión, ¿qué define a un buen suplemento? ¿Y a un buen texto? ¿Y a un buen crítico?

BB: Un buen texto es aquél que está bien escrito y que trata de trasladar lo máximo posible y lo más claramente y bellamente posible las características del escritor del que habla. Te habla no sólo de la novela, sino de un recorrido, con brevedad y belleza. Es necesario que el texto te impulse, te emocione o te entusiasme si le ha entusiasmado al crítico la obra. Hay buenísimos críticos que son más opacos, y muy buenos, pero para escribir en los medios de comunicación creo que la claridad es una virtud esencial, y para nada la claridad disminuye la belleza y la calidad de un texto.

¿A quién tiene por maestro en el arte del periodismo cultural?

BB: Tengo muchos: Me ha enseñado mucho Luis María Ansón; cultísimo, quizá fue mi primer maestro. Tengo también a Ricardo Senabre, que me ha aconsejado mucho qué leer, que me ha orientado. He tenido en mis críticos mucho asesoramiento personal. Leo a otros periodistas culturales de otros medios. Espero seguir aprendiendo. Soy muy lectora de periódicos, y surge lo que dicen los críticos. Leo a la competencia y revistas que me gustan: podría citar también a Aurelio Asiain, de Letras Libres.


A MODO DE EPÍLOGO


MARÍA LUISA BLANCO:

“Vivimos el imperio absoluto del mercado, y esto es el triunfo de lo superfluo, de lo previsible; ya no hay sorpresas”

María Luisa Blanco dirigió el suplemento de Cambio 16, llamado Letras de cambio, y también el ABC cultural y el Babelia de El País. Ahora, ya desde fuera, explica con hondura su mirada crítica hacia los suplementos culturales. Su discurso fluye, y el periodista se retira. Habla de la confianza en los libros, de la necesidad de independencia y, en última instancia, sus palabras remiten a la condición humana.

MLB: En las páginas de los periódicos, no hace tantos años, ni siquiera había páginas de cultura. De repente unas páginas empezaron a dedicarse a ello y eso para los amantes de la cultura era algo a celebrar. Después nacieron los suplementos culturales, y también era algo a celebrar, porque era una forma de mostrar los “acontecimientos”, entre comillas porque la cultura no tiene ese carácter de acontecimiento, sino que alude a algo de mayor durabilidad. Los medios contribuían a mostrar lo que ocurría culturalmente y era una forma de atraer a los lectores del periódico hacia los aspectos culturales. Hasta ahí muy bien. Yo he hecho tres suplementos culturales: uno, cuando era subdirectora de Cambio 16, que se llamaba Letras de cambio. Después he sido directora del ABC Cultural. Cuando yo fui puse en marcha mi propio proyecto, porque el ABC es un periódico centenario y su cultura tenía gran prestigio, pero era el momento en el que se trasladó todo el equipo anterior a un periódico de nueva creación que era La Razón. Y luego me vinieron a buscar del diario El País, para que les hiciera el nuevo Babelia. Es decir, continuar con su suplemento literario, pero también me reclamaron un nuevo proyecto, así que fueron tres proyectos propios, y es un tema que he trabajado mucho.

Yo siempre he creído que los suplementos culturales eran necesarios y me parecía que contribuían a la difusión de la cultura, de la que andamos bastante necesitados. El problema es que ahora mismo yo creo que el imperio absoluto es el del mercado y todo se ha reducido o convertido a criterios mercantiles. Entonces la posibilidad de mostrar aquellas manifestaciones artísticas o aquellos elementos o libros o acontecimientos literarios ha quedado reducida a lo que interesa o no interesa en función de las exigencias del mercado. Por tanto, la producción genuina de los suplementos, que es mostrar eso que no es tan previsible, eso que no se ve porque no es noticia, ha quedado ya superada. Por lo tanto, en este momento no les veo demasiada función.

¿Cree entonces que se solapa la actividad de un gabinete de prensa de una editorial con la actividad de un suplemento cultural?

MLB: Yo creo que se solapa absolutamente. El que tiene más recursos para vehiculizar su programa editorial es el que sale más en los medios, cuando precisamente los suplementos debieran hacer la labor contraria, que es ir a buscar aquello que no se ve por la acción del mercado o la propaganda, que está muy bien que se haga, cada uno tiene su cometido, pero el suplemento tiene otro, que es el de ir a descubrir otros valores; representar, por decirlo rápido, la creación, lo original de una obra literaria o de una manifestación artística.

¿No encuentra excepciones?

MLB: Siempre hay excepciones porque esto es una tarea muy personal y muy individual también. Yo creo que un suplemento depende también mucho de quién lo dirige, y del grado de sumisión de quien lo dirige. Todo depende… es una mêlée muy extraña, porque yo creo que un periodista puede escribir sobre todo, pero no sé hasta qué punto alguien que solo tiene la formación que te da la facultad de Periodismo puede discriminar a la hora de seleccionar entre los treinta libros diarios que te llegan a una redacción. Si tienes que empezar a mirar quién es Marcuse, pues es complicado. Yo creo que las personas que dirigen los suplementos tienen que tener un mínimo de información o de formación.

Al ser un producto que se distribuye con medios de gran difusión, tal vez lo que se busca es la difícil conjunción del saber y del saber transmitir.

MLB: El gran servicio que el periodismo le ha rendido a la literatura es que ha sabido utilizar los recursos periodísticos para la difusión de un producto que no es fácil de resumir ni fácil de llamar la atención así, simplemente, de una pincelada. Y, sin embargo, los recursos periodísticos sí lo permiten: un titular llamativo, una entradilla bien construida sí te lleva al núcleo de lo que es el libro y capta el interés del lector. Por lo tanto, ahí hay una labor extraordinaria por parte de los medios a favor de la difusión de cualquier contenido.

Ahora, difundir contenidos culturales no es lo mismo que difundir contenidos políticos o económicos, porque la obra literaria no es una novedad, está destinada a durar. No son noticia, son algo para nutrir el espíritu, la vida íntima de cada uno, y no es algo que al día siguiente vaya a ser sustituido. La noticia cultural se difunde en las páginas del diario. El suplemento cultural es otra cosa. En mi opinión, al tener periodicidad semanal, te permite elaborar más los contenidos y por lo tanto la información tiene que ser más densa, más elaborada y requiere un mayor servicio al lector, a quien busca una lectura un poco más culta. Si en lugar de hacer eso recurre a los mismos reclamos publicitarios a los que recurren las editoriales, está desviándose de la que es su función.

No creo que se desvíe de una manera inocente, yo creo que se desvía de una manera intencionada, porque la parte difícil de la cultura es lo que hoy ha dejado de interesar. Parece que hay que proteger al lector de cosas que le molesten o de cosas que no entienda, pero es que por ese camino vamos a hacer lectores completamente infantiles y acríticos. Esa censura previa yo no la siento necesaria y el lector, que discrimine, porque el suplemento de lo que informa es de lo que hay, y hay mucho bestseller, pero también hay mucho libro de poesía importante y ediciones o nuevas traducciones de autores clásicos, y también hay pensamiento, y ese abanico hay que contemplarlo entero. Y eso es lo que hoy me parece que no hacen, y el resultado es un resultado muy negativo de cara al futuro.

Esto es lo mismo que cuando se hacen grandes campañas publicitarias de cara a malos libros: el drama es que lo difunden mucho y lo venden mucho, pero por cada libro que venden pierden futuros lectores, porque si ese libro no es un buen libro, no gusta, ese lector no volverá a buscar otro. Sin embargo, la buena literatura sí deja un poso, y esto es algo que está demostrado. Todos los profesores de colegio te dicen: pues mira qué curioso, todos vuelven a aquel libro, que era el clásico, no el de estos autores modernos que les ponen porque creen que eso es…

¿Lo que gusta?

MLB: Lo que hace más amena la lectura. No se puede obligar a leer: al que le gusta leer, leerá y al que no le gusta leer, no leerá, pero lo que sí deberíamos intentar es servir de vehículo para los buenos libros y ser lo suficientemente seductores como para transmitir que la lectura es un tesoro y gracias a ella vas a viajar, a tener relaciones amorosas, amistades… gracias a la literatura vas a multiplicar la propia vida.

Y al no leer se pierde esa sutilidad que te proporciona la lectura, la posibilidad de conocer la complejidad humana, de reconocerse en lo que otro ha sabido escribir y no moverse siempre en un plano superficial y limitado por la propia experiencia y la propia capacidad de análisis. Al leer el enano se sube a hombros del gigante.

MLB: Claro, es que es la apertura al conocimiento. La gente que no entra en los libros se está perdiendo algo muy importante de la vida, y su formación nunca será completa, y esto es una realidad. En última instancia el conocimiento es lo que te abre las puertas del mundo y también de la libertad. Esto sin duda, porque una persona que sabe es una persona libre. A una persona crítica no le van a vender cualquier cosa.

Lo decía Alberto Manguel, que es el gran pope de la invitación a la lectura: que el discurso literario no puede ser nunca un discurso dogmático, sino un discurso abierto que te lleva a la libertad y nunca a un reduccionismo. Te lleva a una amplitud de miras. Y los medios tienen esa obligación que hoy, creo yo, están soslayando. Ahora mismo es el imperio absoluto del mercado, y esto es el triunfo de lo superfluo, el triunfo de lo previsible; ya no hay sorpresas. Es también en parte el triunfo de lo mediocre. Si nos quitan ese misterio del gran autor y de la gran literatura, le quitan gran parte del atractivo.

¿Cómo puede conectar el crítico con ese misterio?

MLB: La historia demuestra que ha habido grandes críticos. Huxley era uno de ellos, Samuel Johnson, otro. Ha habido críticos tan buenos que se han convertido a su vez en referentes absolutos con su propia obra crítica. Pero en este momento la crítica, al menos en nuestro país, es una crítica muy prescindible, yo creo que sí. Los medios son poder, esto es indiscutible. Y a la mayoría de la crítica (no digo que sean todos, en Babelia he tenido críticos muy buenos, gente enormemente honesta a la que lo que le importaba era la tarea intelectual a la que se dedicaban. En Babelia y en ABC he tenido críticos de ese corte) le importa más el espacio que ocupa en ese medio, porque es un espacio de poder, que la dignidad profesional a la hora de hacer esa crítica.

Una crítica además debe su fidelidad sobre todo a la obra que tiene delante.

MLB: Sí, esa fidelidad es fundamental. Y, además, yo lo he dicho muchas veces: la crítica hay que desdramatizarla. La opinión del crítico acaba allí donde pone su firma. No hay ninguna razón para esos dramatismos que hay en torno a una crítica negativa. Sencillamente es la lectura de un crítico. Ya se encargarán los lectores de echar a ese crítico si se equivoca cuatro veces seguidas. La crítica hoy, creo sinceramente que es una crítica bastante plegada a las consideraciones x, las que sean, cada medio tiene las suyas. Hoy el periodismo está tocado, hay muy poca independencia. Pero en parte por eso, porque la mayoría de los que ocupan ese espacio no quieren perderlo ni muertos.

¿Los críticos?

MLB: Sí. Yo creo que hoy la crítica no es una crítica ejemplar. Que probablemente su actitud esté justificada, porque es una forma también de ganar un dinero, de mantenerse en ese medio cultural que le interesa… se pueden hacer todas las consideraciones que se quiera para entender una actitud. Pero la realidad es que es poco arriesgada la crítica hoy, que muy pocas veces ves una crítica a las grandes voces de la cultura. Una crítica despiadada la encuentras de escritores que están empezando o que no han ocupado ese espacio de poder. Yo no digo que la crítica tenga que ser negativa, pero debe dar cuenta de lo que ve.

En su opinión, ¿cómo debe ser una buena crítica?

MLB: Un crítico no es más que un buen lector. Es alguien que tiene una formación y que sabe transmitir esa lectura. Y si le parece que la obra flaquea en determinados momentos, debe señalarlos. Ahora, yo prefiero la crítica que te lleva al libro. Incluso hay críticas negativas que, si están bien hechas, te pueden llevar al libro.

Si el crítico justifica todos sus ataques al libro, y los justifica literariamente, pues eso es perfecto y no pasa absolutamente nada. A mí me gustan las críticas comprometidas, las críticas valientes, las críticas que se comprometen con el texto que están criticando. Eso es lo importante. Y, sobre todo, el crítico tiene que ser libre para decir lo que piensa, tiene que ser independiente, porque si no nunca te vas a poder fiar de lo que te dice, si hay unos intereses que tú no controlas, que están detrás de lo que está diciendo. El crítico tiene que ser, en ese sentido, muy transparente. Vuelvo a citar a Alberto Manguel, en la cita de Huxley que recoge en su último libro: “El amor a la libertad es el amor a los otros y el amor a uno mismo es el amor al poder”.

Cuando tú eres una persona libre, lo que intentas es transmitir a los otros lo que tú honestamente has percibido en ese libro, lo que quieres que los otros vean en él. Y naturalmente es solo la opinión de una persona que firma. Y, sin embargo, el amor a uno mismo es el que te lleva a escuchar otras voces, no eso que le debes al lector, sino eso que te recomiendan otros intereses completamente extraliterarios. Tampoco soy pesimista del todo, creo que siempre llega gente que renueva la situación, gente con una idea independiente y eficaz con amor a la cultura. Pero diría que hay pocos. Hoy el periodismo es muy poco independiente. El gran cáncer es la autocensura. El periodista está atemorizado, tiene miedo, porque depende de un núcleo directivo que tiene una línea muy marcada de la que no se puede uno separar.

¿Cómo vivió el caso Echevarría, tan complicado para usted?

MLB: La publicación de aquélla crítica fue el detonante. No me quiero extender mucho en este punto, ya pasó, y bastante he pagado por ello. Pero aquélla reacción fue desproporcionada. No era una de las críticas más duras que había hecho Echevarría, ni mucho menos. Tampoco creo que la reacción se debiera en su totalidad a que la editorial donde se publicó el libro perteneciera al grupo Prisa. Creo que hubo una conjunción de cosas. El problema está en que en estas cosas en las que intervienen tantos puntos de vista no se puede hablar de lo que uno piensa, sino sólo de hechos concretos que puedan demostrarse. Mi opinión es que la publicación de esa crítica fue el pretexto para señalar a mi persona como inadecuada como responsable de Babelia. Yo dirigía el ABC Cultural cuando el director de El País, Jesús Ceberio, y su director adunto, Luis Bassets me propusieron hacerme cargo de Babelia porque les gustaba mi trabajo en ABC. La paradoja es que una vez en El País no pude trabajar con la misma libertad que lo hice en ABC, la presión en El País era mucho mayor en todos los sentidos, la autocensura, de la cúpula a la base, era terrible. Supongo que la explicación va más en esa línea y no se agota en la publicación de la crítica de Echevarría, crítico que, por otra parte, llevaba muchos años en el periódico, él no vino conmigo. Se me acusó de promover una carta entre escritores e intelectuales que acusaban al periódico de censura y eso es totalmente falso, ellos saben que es falso. Promover una carta contra el periódico en el que tenía una responsabilidad editorial hubiera sido incoherente, antes que eso uno tiene la posibilidad de dimitir. Pero en fin, en la vida unas veces toca ganar y otras perder. Lo importante es que uno no se reproche nada. Yo no me lo reprocho. Yo creo que me comporté como tenía que comportarme, porque lo único que tenemos como profesionales del periodismo es nuestra independencia y eso a veces tiene un precio que en mi caso ha sido alto, desde luego. No hay muchas ocasiones en la vida en que se da la ocasión de demostrar lo que uno es, pero cuando llega lo tienes que hacer, no tienes más remedio. Si te llega una crítica, la tienes que publicar, esa es tu responsabilidad como periodista, y esa es tu independencia. Y de hecho se publicó. Luego hubo consecuencias muy duras para mí, pero la crítica se publicó.

No es que vaya de valiente. Ninguno lo somos. Yo no soy ningún kamikaze. He tenido varios puestos de responsabilidad en el periodismo y, naturalmente, te supeditas a la línea del periódico, o a lo que dice tu director, porque eso es lo que toca, y si no, no puedes ostentar esa responsabilidad. Pero hay dos o tres principios que uno nunca debe violar. En mi opinión, hay un principio inviolable que es el de la independencia, dicho sea sin grandes enunciados. Hay cosas en las que puedes ir cediendo. Pero llega un momento, cuando se te impone algo como es censurar, en que uno dice: yo no soy nada, soy lo que hago con mi oficio y mi responsabilidad en este momento es este pequeño espacio. Ahí tienes que respetarte a ti mismo. No puedes decir: da todo igual, por lo menos hay que discutirlo. Y yo he discutido mucho con mis directores, y unas veces he ganado y otras se imponía su criterio porque por supuesto el director es el que manda, pero por lo menos lo has intentado, esa es tu forma de ser leal. Ahora, lo que me parece el colmo es que te pidan la autocensura. Y es lo que hacen nuestros colegas todos los días, que son gente maja, gente que sabe muy bien cuáles son los principios del periodismo, pero que al final están atenazados por el miedo. Y no digo yo que no haya que estarlo, porque es legítimo, pero en la vida no todo es el sueldo que uno percibe a fin de mes. Hay otras cosas por las que uno debe luchar, y cuando llega la ocasión hay que hacerlo, ésta es mi opinión.

¿Qué ve en el futuro?

MLB: Que ojalá la cosa cambie, que ojalá se den cuenta de que es una pena utilizar unas páginas para promocionar lo que ya está archipromocionado por las propias editoriales y vuelvan a tener presencia esos escritores raros, o secretos, que tienen muchas cosas que decir, que ponen a pensar a quien los lee, y que abren horizontes y llevan a una sociedad mejor. Porque si de algo no me cabe duda es de que la lectura y el conocimiento hacen mejores a las personas

fronterad
“TAO Of Journalism”


Project Wants to Crowdsource Ethics, Increase Transparency


By Lauren Rabaino
02.05.2011

Transparency, Accountability, Openness. As of late, they’re strong buzzwords in the journalistic community (I just wrote about them Friday), but for a good reason. As we start to tap into public data, reach into our communities, and thrive on a minute-by-minute news cycle, these concepts are more important than ever. And now there’s a project from the Washington News Council to raise awareness on the issue: TAO of Journalism.

After two years of dancing around the idea, John Hamer of the Washington News Council informally launched TAO of Journalism in January 2010, which has slowly been gaining traction around the following pledge since then:

A promise to your audience that you will be Transparent about who you are, Accountable for your mistakes, and Open to other points of view.

Organizations, individuals, bloggers — anyone committing acts of journalism — are free to take the pledge, and display the TAO of Journalism seal (a yin-yang looking icon) on their websites as a symbol of promised transparency, accountability and openness.

So far, about three dozen people and organizations have taken the pledge. Hamer said via an email interview that the TAO hasn’t yet “gone viral.”
A move away from licensing and control

“As you know, journalists are traditionally reluctant to have any kind of outside oversight,” Hamer said. “Some may see this as a way of regulating what they do — when it’s really just a way to hold them publicly accountable for their performance and ethics.”

In fact, control is the opposite of what the TAO of Journalism is about. Hamer described the organization as “purely voluntary” and “more of an honor system.”

“We don’t plan to ‘police’ the TAO seal, but rather to let their readers, viewers and listeners do that,” Hamer said.
Crowdsourcing ethics

Although the Washington News Council doesn’t plan to be in charge of ensuring that those who display the seal are following the TAO mantra, there will be a policy of self-governing — which I absolutely love — within the TAO community.

The website has a “Sealbreakers” page that allows members of the community to submit any concerns about misuse of the seal.

“If we get several reports of someone who displays the seal NOT being transparent, accountable and open, we will ask them to stop using the seal,” Hamer said.

Repeated violations will be peer-reviewed by a group of other TAO pledgers, who would determine if permission to use the TAO seal should be revoked.
Popular amongst the young crowd

Kathy Schrier, executive director of the Washington Journalism Education Association, said the pledge resonates with students.

“The friction between student journalists and public school officials puts the student press under a constant threat of censorship — even censorship of legally protected speech,” Schrier said. “As student journalists and their advisers seek ways to build trust with school administrators, the idea of a public proclamation to practice ethical and responsible journalism through taking the TAO of Journalism Pledge, has struck a chord with student media groups.”

In November, 2010, the JEA endorsed the TAO of Journalism concept at a national level, and the national Student Press Rights Commission, promoted a “National TAO of Journalism Sign-up Day” as part of National Scholastic Journalism Week.

Another group of high school journalism students took the pledge at the Journalism Education Association / National Scholastic Press Association Conference in Anaheim from April 15-17.

But really, they’re still getting the word out about their mission through Facebook, Twitter and word of mouth.
Who’s doing it right?

I asked Hamer to specifically point to those organizations he’s interacted with who are doing the TAO of Journalism correctly. He noted the following:

· Spot.us (David Cohn)

· The Banyan Project (Tom Stites)

· Common Language Project at U.W.

· The B-Town Blog in Burien, WA

· Fremocentrist in Seattle’s Fremont neighborhood

Each of these organizations have displayed the TAO of Journalism seal on their “about” pages. A full directory of TAO Pledgers (which is mostly up-to-date) can be accessed on the website.
Expansion isn’t yet on the horizon

For those of you in the Pacific Northwest, a meetup will be held tonight, May 2 from 6-7:30 p.mat Pyramid Alehouse. where the goal is to “help nudge the idea further along.”

During our correspondence, I asked Hamer if he had thought of using a Hacks/Hackers or ONA-like model for the TAO, where individual chapters could form in cities around the nation to talk about the same concepts within their own communities.

Although that wasn’t yet on the agenda, Hamer was open to the idea: “If someone is interested, sure, why not?”

If you have any suggestions for the TAO of Journalism, would like to take the pledge, or would be interested in starting your own local chapter, you should contact The Washington News Council.

10 000words
The Guardian - Article history


The 10 key myths about Osama bin Laden


CIA project? Drug runner? Arsenal fan? Debunking the myths surrounding al-Qaida's leader


Jason Burke

03.04.2011

1. Osama bin Laden was 'created' by the CIA

He did not receive any direct funding or training from the US during the 1980s. Nor did his followers. The Afghan mujahideen, via Pakistan's ISI intelligence agency, received large amounts of both. Some bled to the Arabs fighting the Soviets but nothing significant.

2. He had a huge personal fortune

Bin Laden was forced to leave any cash he had when he in effect fled Saudi Arabia in 1991 for Pakistan and then Sudan. His family cut him off. Nor would the inheritance from his hugely wealthy father have been divided into equal parts anyway. What Bin Laden did have was contacts, which allowed him to raise money with ease.

3. He was responsible for 1993 bombing of World Trade Centre

Ramzi Yousef, who was the main perpetrator of the attack, was probably working for Khaled Sheikh Mohammed who was an independent operator at the time. Mohammed only started working with al-Qaida in 1996 and even then kept his distance from Bin Laden.

4. He got money from drug running

No evidence for this whatsoever despite repeated claims – such as in the post 9/11 British government dossier on al-Qaida.

5. He never exposed himself to any danger

He did not single-handedly seize a short-barrelled AK-47 from a dying Soviet general as he sometimes claimed but numerous witnesses report that he was in the thick of fighting in Jaji in 1987 and again at the battle of Jalalabad in 1989.

6. He spent a lot of time in caves

In the late 1990s, for propaganda purposes, Bin Laden invited select journalists to meet him in caves near Tora Bora in eastern Afghanistan. However he lived in a much more comfortable compound a short drive away, near the former Soviet collective farm of Hadda owned by a local warlord. By 1999 he had moved to a complex of houses near Kandahar. When he was killed, he was living in a relatively comfortable detached house in Abbottabad, Pakistan. In between, there is no evidence that he spent any time living in caves. The rest of al-Qaida's senior militants appear to have lived in the semi-fortified houses that are common in the tribal zones.

7. He was a tearaway teenager who partied in Beirut before becoming religious.

There is no evidence for this either. Bin Laden appears to have been an intense, shy and pious youth who married young and spent an inordinate amount of time studying scripture.

8. He was near to dying of a kidney disease.

There are some reports – not least in the Guantánamo files – of renal problems but certainly not serious enough to kill him. It is more likely he had back problems caused by his height (around 6ft 5in) and relatively sedentary lifestyle.

9. He hid in Kashmir, was the leader of Chechen groups, was responsible for violence in the Philippines and in Indonesia, organised the Madrid 2004 attack and had an extensive network in Paraguay, sub-Saharan Africa and South Africa.

All these claims, made by various governments or intelligence services over the last decade have proved totally without foundation.

10. Bin Laden was an Arsenal fan

Despite fans reportedly chanting "Osama, woah-woah, Osama, woah-waoh, he's hiding in Kabul, he loves the Arsenal", Bin Laden was not a faithful of the north London club.

http://www.guardian.uk/
Las revoluciones de Al Yazira


La influyente cadena qatarí se ha convertido en uno de los protagonistas principales de las protestas en el mundo árabe | "Las noticias son para nosotros cuestión de vida o muerte, antes de Al Yazira no había libertad de prensa"


Henrique Cymerman, Doha
24;04.2011
Foto - Un empleado de Al Yazira pasa junto al logo de la emisora en su sede central, en la capital de Qatar AP


A principios de la pasada década, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, propuso bombardear la sede de la cadena de televisión Al Yazira en Doha, la capital qatarí. Diez años después, sin embargo, la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaraba que “uno puede estar o no estar de acuerdo con el canal, pero Al Yazira proporciona noticias reales”.

El futuro de Oriente Medio y de las revoluciones que están amenazando a sus dictadores uno a uno se está decidiendo, en gran medida, en un minúsculo emirato del golfo Pérsico. Hamad bin Jalifa al Thani, el emir de Qatar, una de las naciones más ricas en reservas de petróleo y de gas, creó en 1996 un canal de televisión más poderoso e influyente que muchos de los mandatarios de la región.


Doha
Hace seis años, se sumó a las emisiones en árabe un canal en inglés y la cadena qatarí se expandió hasta poder verse hoy en día ya en 250 millones de hogares, en un total de 120 países. “Algunos dicen que Qatar es un emirato con una televisión, aunque para otros, Al Yazira es una cadena con un pequeño Estado”, afirma a La Vanguardia Soraya Jerfi, directora de producción de este canal.

Tuvimos la oportunidad de poder ser los primeros periodistas occidentales que visitaban la sede de Doha después de las turbulencias árabes de los últimos meses. Sus directivos reconocen que para ellos y para sus profesionales, no es fácil ser considerados “parte de la noticia” y del interés mundial.

En sus primeros años, y especialmente tras los atentados del 11-S, cuando emitieron a menudo mensajes del terrorista número uno, Osama bin Laden, Al Yazira fue considerada por muchos en Occidente la portavoz de la organización Al Qaeda, y se le acusó de vinculación con los grupos islamistas Hermanos Musulmanes y Hamas.

Cuando Faida Hamdi, una inspectora municipal de 45 años de la pequeña ciudad tunecina de Sidi Buzid, abofeteó al vendedor de verduras Mohamed Buazizi, de 26, nadie se imaginó la reacción en cadena que se desencadenaría. El joven sin recursos y en el paro se inmoló frente a un edificio gubernamental. Un acto que desencadenó la caída de dos presidentes, la muerte de cientos de personas, una guerra civil en Libia y millones de manifestantes en las calles de todo el mundo árabe. Muchos gritaron: “¡Larga vida a Al Yazira!”.

“En la plaza Tahrir de El Cairo o en las calles de Ammán, de Manama y de Saná, muchos nos llamaban y nos pedían que no dejáramos de filmar, ya que el resultado podría ser una masacre”, manifiesta a La Vanguardia Al Anstey, director de la cadena en inglés. “Los que nos acusan de hacer propaganda, lo hacen por dos motivos: o por ignorancia, ya que por ejemplo en EE.UU. no nos pueden ver aún, o porque a veces nuestro trabajo molesta a ciertos gobiernos, que no quieren que se vean las protestas populares exigiendo democracia”, añade.

En la redacción que dirige se nota que no faltan recursos económicos, en gran parte provenientes de la familia del emir, una de las más pudientes del mundo. Cuentan, por ejemplo, con robots que reemplazan a los operadores de cámara y con una pantalla de 26 metros, que en Doha definen como la más grande del mundo.

En la actualidad hay 3.000 periodistas y técnicos (de 50 nacionalidades) trabajando en la central de Doha y en las 75 delegaciones de todo el planeta. Solamente en Egipto cuentan con veinte equipos que cubren cada detalle de la revolución.

Su gran sueño es penetrar en el mercado norteamericano en el 2012. Para ello, el director de la sección árabe, Mustafa Sueig, intenta rebatir las acusaciones de algunos sectores de Washington. “Para nosotros, en el mundo árabe las noticias son una cuestión de vida o muerte. Hasta 1996, cuando empezamos, no había libertad de prensa”.

Katara
Preguntamos a la conocida presentadora Shiulie Ghosh (que, como muchos, es británica y ex periodista de la BBC) si están dispuestos a criticar al emir de Qatar, que les paga altísimos sueldos sin impuestos, de la misma manera que condenan sin ningún tipo de problema a Mubarak, Gadafi o Ben Ali. “Es una pregunta interesante… Que yo sepa, nunca criticamos al emir. Pero sabe que existe la posibilidad de que algún día su creación se vuelva en su contra. Sé que otras familias en el poder en la región le pidieron que controle lo que dice Al Yazira, pero el emir siempre se negó”.

Preguntamos al director de la sección árabe por qué usan el término mártir (shahid) cuando se refieren a terroristas suicidas, hecho que no ocurre en la sección inglesa. “El código ético en inglés es similar, pero se trata de audiencias diferentes, y a veces tenemos que usar términos que sean más adecuados para cada cultura y para cada idioma”, argumenta Sueig.

Para algunos en el mundo, Al- Yazira es una voz incómoda que quieren silenciar, ya que despierta los sueños de democracia en la nación árabe. Para otros, existe un conflicto interno entre el corazón (o sea, lo que pide su público) y la honestidad periodística. Sueig lo define así: “Intentamos dar el mismo tiempo, o el tiempo suficiente, por ejemplo, a israelíes y a palestinos. Para que presenten su interpretación de los hechos y sus razones de por qué hacen lo que hacen. Pero si al final el resultado es a favor de los palestinos o del pueblo de Gaza, no es porque nosotros seamos los responsables, sino porque así son los hechos sobre el terreno”.

Aunque no lo deseen, los periodistas de Al Yazira no son solamente observadores de las revoluciones en el mundo árabe, sino que se han convertido en protagonistas del llamado efecto dominó. Ellos no provocaron las protestas populares, pero es imposible imaginar la revolución en directo sin la presencia de sus cámaras.
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HISTORIA

Al-Jazeera, pronunciado Al-Yazira (en árabe, الجزيرة: la isla o la península, en alusión a la península Arábiga) es una emisora de televisión por satélite de lengua árabe fundada en noviembre de 1996 por el gobierno de Catar. Es el principal canal de noticias del mundo árabe.

Originalmente gratuita y sostenida por el gobierno (la familia real catarí), la emisora poco a poco empezó a cobrar por sus servicios y se independizó financieramente, como se pretendía desde su creación.

A partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, Al-Jazeera cobró fama en el mundo occidental como canal de difusión privilegiado de los mensajes de Osama bin Laden y otros miembros de la red Al Qaeda. Esta distinción le valió a la cadena árabe un contrato de exclusividad en Occidente con la cadena de noticias estadounidense CNN; el contrato se vino abajo meses después por una disputa.

Al-Yazira afirma ser el único canal de televisión políticamente independiente en Cercano Oriente. Su tónica ha llegado a molestar en repetidas ocasiones al Gobierno estadounidense, que al menos en una ocasión ha pedido al gobierno de Catar tomar cartas en el asunto, pero en vano. En el Irak posterior a la guerra de 2003, el gobierno local, sostenido por Estados Unidos, ha vetado a Al-Jazeera en varias ocasiones.

La monarquía saudí recibe frecuentes críticas de Al-Jazeera, lo que hace que esta cadena de televisión no sea vista con buenos ojos por ésta.
La red de Al-Jazeera

Al Jazeera tiene una serie de canales temáticos además de su emblemático canal de noticias en árabe. La red de Al Jazeera incluye:

Al Jazeera

El canal original de la cadena que emite 24 horas de noticias en árabe

Al Jazeera Deportes

Versión deportiva del canal (lanzado en 2003). Tiene varias cadenas hermanas:

Al Jazeera Deportes +1

Tuvo una gran audiencia debido a que tuvo en su programación partidos de la Liga Española. Fue lanzado en 2004.

Al Jazeera Deportes +2

Canal deportivo de pago. Emite la Copa UEFA, la Liga Española y la Liga Italiana.

Al Jazeera Deportes +3

Canal deportivo con comentarios en Inglés.

Al Jazeera Deportes HD

Llamado también “Al Jazeera Deportes +4”. Emite contenido en Alta Definición. Transmite la Copa UEFA en ese formato.

Al Jazeera Mobasher (Al-Jazeera En Directo)

Lanzada el 15 de abril de 2005, esta señal emite conferencias en vivo y en directo sin edición, comentarios o intervenciones de periodistas o comentaristas. La señal también utiliza subtítulos cuando se necesita traducción. Es similar a canales como C-SPAN o Parlamento de BBC. Es el primero de su tipo en el mundo árabe.

Al Jazeera Infantil

Puesta en el aire el 9 de septiembre de 2005, esta señal de Al Jazeera está dirigida a niños entre 3 y 15 años de edad. Está disponible en varios países del Oriente Medio y algunas partes de Europa.

Al Jazeera English

La señal en Inglés de Al Jazeera emite 24 horas de noticias en ese idioma. Sus estudios principales estan en la ciudad de Doha, capital de Catar. Es la cadena hermana de la señal en árabe de Al Jazeera. El canal transmite noticias, análisis, documentales, debates, actualidad, negocios y deportes. Fue lanzado el 15 de noviembre de 2006.

Al Jazeera English es el primer canal de noticias en inglés con sede en el Medio Oriente.

Canal Documentales de Al Jazeera

Canal de la red Al Jazeera que emite documentales relativos preferentemente al Medio Oriente. Fue lanzado el 1 de enero de 2007. El canal señala que produce el 15% de su contenido, mientras que el resto de los documentales lo obtiene de otras producturas árabes y de otros países alrededor del mundo.
[Al-Jazeera fue vetada por Jordania, Siria, Kuwait, Arabia Saudí y Argelia ].
[En España

Taysir Allouni, corresponsal de Al-Jazeera en España, fue detenido en 2003 y condenado por la Audiencia Nacional bajo acusaciones de pertenecer a Al-Qaeda. Osama bin Laden le concedió una entrevista exclusiva en el 2001 durante la guerra contra Afganistán, la cual fue transmitida por Al-Jazeera. Las tomas de video de la entrevista se usaron durante el juicio como prueba de la relación de Allouni con Al Qaeda. Fue puesto en libertad bajo arresto domiciliario el 7 de octubre de 2006 debido a su estado de salud. Allouni fue condenado el 26 de septiembre de 2005 a siete años de prisión por ser un servicio de mensajería financiera de Al Qaeda.[2]
[En Estados Unidos

En Estados Unidos, Al-Jazeera ha sido calificada como un instrumento de propaganda de los terroristas a raíz de la difusión de los mensajes en video entregados por Osama bin Laden y la entrevista que este último concediera a Taysir Allouni. El gobierno norteamericano dice que Al-Jazeera tiene un punto de vista parcializado y para contrarrestarlo abrió un canal de noticias en lengua árabe, Al Hurra, que transmite desde Arabia Saudita.

El 22 de noviembre de 2005 el diario británico Daily Mirror reveló tener un memorándum de la transcripción de una conversación entre Tony Blair y George W. Bush, en la cual Blair trataba de persuadir a Bush de que no bombardeara las oficinas centrales de Al-Jazeera en Catar, un país aliado de EUA y donde este país tiene bases militares. Este último incidente reabrió la polémica sobre bombardeos a las oficinas de Al-Jazeera en Kabul en el 2001 y en Bagdad en el 2003, los cuales se suponía habían sido accidentales. El bombardeo a la oficina de Al-Jazeera ocurrió días previos a la entrada de las fuerzas de EUA a la capital iraquí durante la Segunda Guerra del Golfo. Las instalaciones de la emisora fueron alcanzadas por una bomba "inteligente". En el ataque murió uno de los empleados de la cadena.

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